SONRIE Y VIDA

Sonríe y vida es el proyecto centrado en mejorar aquellos temas relacionados con la salud. En estos momentos trabajamos conjuntamente con el “Centro de nutrición del barrio de San Francisco”.

La principal función del Centro de Nutrición es la de alimentar a aquellos niños que por falta o escasez de alimento en sus casas están desnutridos. Este recinto acoge a todos aquellos niños desde los cero a seis años.

El Centro de Nutrición se compone de:

  • Un grupo de profesoras “todo-terreno”
  • Dos cocineras que están al 100%
  • Un “vigilante” que controla el acceso.

En este recinto no sólo se alimenta a los niños, sino que se le saca aun mayor provecho. De buena mañana, cuando ya están casi todos los niños en el Centro, se les sienta y se les da agua potable (sí, en Sabana Yegua no hay agua potable, para beber debes comprar unos bidones de agua. Y poder comprar es el primer obstáculo para estos chiquitos). Después les dan el desayuno: yogur bebible. Una vez ya se han terminado el desayuno las profesoras agrupan a los niños por edades y en unas pequeñas aulas empiezan impartir clases de preescolar.

Toda la acción que lleva a cabo el Centro es de gran importancia, pues enseña a los niños cosas tan simples como puede ser el sentarse en una mesa para comer, el saber escuchar y otras muchas cosas importantes en la infancia de un niño (¡además de las clases!).

A continuación llega la hora del recreo, donde los niños disponen de un solar con poca sombra y lleno de “piedrecitas” (que parecen arder para nosotros, no así para ellos). Allí juegan y se divierten durante el tiempo libre.

Después del patio, el portero avisa a todos los niños porque deben sentarse para poder empezar la hora de comer. Este momento es el más intenso, están todos los niños sentados y apretujados en las mesas esperando un plato de frijoles y arroz, pero a su vez en la verja del recinto están amontonados algunos niños (más mayores) con la esperanza de que haya sobrado comida y les dejen entrar. Como las cocineras ya lo tienen en cuenta, siempre abren las puertas y montones de niños del barrio de San Francisco tienen la recompensa por haber esperado bajo un sol abrasador: un plato de comida, ya sea compartido o no.

Sonríe y Crece colabora ayudando y animando. Llevamos la tarea de ayudar en los desayunos y comidas sentando a los niños, atendiendo a aquellos más pequeños que no se valen por si solos, repartiendo y recogiendo platos, dando de comer y a barrer una vez finalizada la comida.

Después del desayuno

Además, en la hora del recreo nos dedicamos a dinamizarla de forma que sea agradable, alegre y más llevadera a pesar del sofocante calor. Usando juegos como la araña, el “pica-pared”, el gusanito, el “simon dice”, cantamos canciones que pretenden enseñar (el abecedario, modales,…), etc. Si tenemos un día con suerte y aquél día hay agua (no potable) en las fuentes del patio, durante unos diez maravillosos minutos hacemos el mejor juego: con barreños y la ayuda de nuestras manos en forma de cuenco empapamos a los niños de agua mientras estos dan palmadas al ritmo de “que llueva, que llueva!”. Es el momento más refrescante del día.

Pero sobretodo (además de enseñar, jugar y ayudar) se aporta cariño:

Cada mañana, al entrar en el centro se te echan encima unos niños que se te suben a las piernas y espaldas como monitos (los que pueden) y no te sueltan. Algunos te cogen de la mano y se quedan agarrados a ella durante toda la mañana, otros lloran para que alguien le dedique unos minutos de atención, y otros se portan mal y pegan al resto de niños para tener su momento de protagonismo. Al fin y al cabo, todos piden un poco de cariño, que gustosamente les demostramos a cambio de una sonrisa.

 

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