A día 28 de enero de 2024 presentamos el testimonio de Lucía Antequera:

Soy Lucía y tenía 18 años cuando pude viajar con Sonríe y Crece. Con estas palabras deseo que mi experiencia te llegue al corazón, especialmente si aún dudas de dar el paso y vivir una experiencia como esta.
Es difícil resumir todos los sentimientos que me ha despertado este proyecto en palabras. Nada se asemeja a lo que se vive allí. Al principio, es normal sentir un poco de vértigo: la distancia, el tiempo, la incertidumbre de lo desconocido… todo impresiona.
Pero en cuanto llegas allí, todo cobra sentido: los colores de las casas, la música que envuelve las calles, la luz de la gente, el cariño de las familias, la comida, las miradas sinceras… Todo te envuelve y te abraza.
Para darle un poco de sentido a estas palabras y que cobren emociones, voy a contar una anécdota para transmitir mejor lo que significó para mí. Uno de mis momentos favoritos fue el primer día que salimos a recorrer el pueblo como miembros de Sonríe y Crece, fuimos a visitar y conocer a las familias. Recuerdo muy bien que estábamos visitando a la segunda familia, sentados en sillas en la calle mientras hablábamos, cuando empezaron a aparecer niños. Al principio eran pocos, los niños de esa calle seguramente y no se como surgió pero empezamos a jugar con ellos, a hacer carreras y a jugar al “topao”. Fue nuestro primer contacto con los niños. De repente toda la calle estaba llena de niños y voluntarios, todos corriendo y riendo. No sé decir si se lo pasaban mejor ellos o nosotros.
Al volver a casa, después de ese día largo, estaba agotada, muy cansada, pero sobre todo, feliz. Fue entonces cuando entendí lo que iba a significar ese verano.
Cada vez que recuerdo esa tarde, sonrío sola. Pienso en las sonrisas de los niños, en lo felices que se veían simplemente porque alguien les dedicaba tiempo. Y también en lo feliz que fui este verano, donde todo es distinto. La felicidad es distinta, mucho más real, más pura. Nada es material, se basa en lo que te enriquece la gente de allí, en la experiencia que vives. También me llevó su modo de vida, “al paso”, no importa si hoy tienes un problema importante, si no puedes solucionarlo hoy, no te preocupes mañana podrás y si no pasado y mientras no se solucione no estés preocupada, vive tranquila sin que te consuman los problemas. He sido muy feliz en muchos momentos de mi vida pero nunca había sentido lo que sentí allí, en un hogar a pesar de lo desconocido y de estar al otro lado del océano.
Siempre me han gustado los niños, pero Sabana Yegua me hizo conectar con ellos de una forma mucho más profunda. Desde entonces, sé que no hay mejor compañía que la de un niño.
Sonríe y Crece es mucho más que un proyecto, acaba formando parte de tu corazón. Empieza a formar parte de ti desde el primer momento. Es algo tan indescriptible que eso justamente es lo que más describe la experiencia. Que hay pocas palabras que hagan justicia a lo que vives allí, lo que aprendes y lo que cambia tu manera de ver el mundo…
eso se queda contigo para siempre
