BLANCA
BLANCA

BLANCA

Si tuviera que escoger una palabra con la que definir nuestra aventura en Sabana Yegua, ésta sería oasis. Realmente ha sido ese oasis en medio del desierto que nos ha permitido parar la rueda sobre la que gira cada una de nuestras vidas y dedicarnos por completo a aquello que creíamos que nos haría felices.

Como no podría ser de otra manera, estábamos en lo cierto, y ha superado todas las expectativas. A pesar de ir a desarrollar el proyecto en medio de una pandemia y con las complicaciones que esto suponía, creo que hemos podido experimentar con creces todo aquello que nos contaban anteriores voluntarios.

La palabra más repetida ha sido hogar. Es increíble como a los pocos días de llegar, ya todos nos sentíamos como en casa. Me llevo conmigo todas esas primeras veces: la primera gua gua, el primer picapollo, la primera bachata a todo volumen, el primer colmado, la primera fundita, el primer play, la primera bola en motor … Y dejo de contar porque podría rellenar hojas y hojas. Sin embargo, lo que no puedo dejarme en el tintero es la primera vez que subimos a San Francisco, fue toda una explosión de sentimientos. Faltaban muchas de esas cosas que nosotros consideramos básicas y a pesar de ello, yo sólo podía ver la alegría en los ojos de la gente y las ganas de compartir todo lo que era suyo con nosotros.

Y así, durante cuarenta y siete días nos han hecho cómplices de su pequeño paraíso, al que sé que volveremos.

Espero haber podido aportar la mitad de lo que me llevo.

A la orden,

Blanca

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