MARTA
MARTA

MARTA

Vértigo. Eso sentí el día que dije definitivamente que si a permitirme disfrutar un año más de esta maravillosa experiencia. Sin embargo, no sabía que esa sensación se traduciría en una completa satisfacción al vivir una de las mejores aventuras que podría albergar este verano rodeada de gente maravillosa.

Cuento con la suerte de decir que he podido disfrutar esta hazaña por partida doble, no obstante han sido dos años completamente inigualables e inolvidables. Recuerdo mi primera vez como una explosión de sentimientos tras conocer cada una de las peculiaridades con las que me topaba en este hermoso pueblo. Sus calles, el clima, sus familias, los niños y jóvenes dispuestos a trabajar con nosotros, su cultura “al paso”, la comida, … todo ello conseguía acaparar mi atención.

En cambio, esta segunda ocasión me ha permitido poder disfrutar de pequeñas cosas que, la primera vez al estar inmersa en un mundo de emociones donde cualquier cosa nueva te conmovía, no me permitió valorar tanto. Los reencuentros tan esperados, estrechar lazos con esas personas que ya conocías y que se habían hecho familia, caminar por las calles de Sabana Yegua tranquilamente con una fundita de agua del colmado de la esquina y saludar a los vecinos que te vas encontrando, sentarte en el porche de una casa mientras intentas arreglar el mundo en un cruce de palabras, recordar momentos vividos, esperar con ansias las cenas con esas familias que te acogen como uno más y te lo dan todo sin pedir nada a cambio, los bailes en medio de la calle con la bocina al máximo en la que se reúne el pueblo entero y nos da la media noche bailando unos con otros, … Todo eso a mí me da años de vida, y es por ello que sé que volveré, y que esto no es un adiós definitivo.

Estamos aquí para servirles,

Marta

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