CRIS
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No sé ni por dónde empezar. Recuerdo los días en Sabana Yegua como un intenso tesoro. Cuando llegué a casa, a Barcelona, me sentía desubicada. Me chocó entrar por la puerta y ver tantas cosas, luego hablar con mis amigos y no conseguir explicarles bien todo lo que hemos vivido… Me daba la sensación de que todo este verano había sido solo un precioso sueño. Por suerte, poco a poco, he podido situarme y recordarlo todo con más claridad.

Los días en Sabana Yegua eran bonitamente eternos: estaban repletos de emociones, experiencias y aprendizajes. Realmente es increíble que nos hayamos sentido tan como en casa en un lugar tan lejano. Casi dos semanas más tarde de la vuelta, recuerdo con especial cariño todas esas conversaciones inesperadas con niños/as y monitores/as, el jugar sin parar en cualquier momento del día, el vivir todos juntos 24/7, aprender a bailar por las noches, andar por las calles de San Francisco, esas cenas inolvidables  con las familias y simplemente el hecho estar con ellos.

Esa gente tiene algo que es increíble, y hay que conocerlos para poder vivirlo. Que ganas de volver a estar allí.

Tampoco me olvido de las partes más duras, pero que gracias a ellas ha sido la experiencia que ha sido. Me llena de alegría pensar que el proyecto ha seguido adelante a pesar de las adversidades y hemos conseguido dar de nosotros el 100%. 

Un abrazo muy grande,

Cris

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